PostcardsHATS

Hands Across the Sea. Postales icono de la vida en un imperio

Imperio Británico, ppios. del S.XX

 

Me imagino que dentro de poco tiempo no podremos compartir con todo el mundo aquello de "¿te acuerdas de cuando no teníamos email y escribíamos cartas?...". Yo tengo la suerte de disfrutar e intentar sacarle partido cada día al mundo que internet pone a nuestros pies pero también tuve la suerte de vivir en un mundo en el que cuando nos íbamos a otra ciudad a estudiar en la universidad, recibir las cartas de los amigos en el buzón se convertía en el mejor momento del día, y, cuando nos íbamos de vacaciones, dedicábamos un momento de la noche, ya metidos en la cama, o una tarde en una cafetería, a escribir postales...

 

Probablemente hemos sido la última generación que ha disfrutado de ese placer que vivió su época de mayor esplendor a principios del S.XX, cuando casi 15 millones de británicos e irlandeses habían emigrado de su país de origen y las postales Hands Across the Sea alcanzaron una gran popularidad en los países anglosajones.

 

La principal seña de identidad de estas tarjetas era una imagen más elocuente que cualquier declaración que pudiera contener su parte trasera: dos manos estrechándose sobre el océano. Tras ella, la promesa de mantener los lazos pese a la distancia física.

 

 

En su origen (datado alrededor de 1900), las tarjetas Stevengraph se orientaron a mantener las redes diplomáticas y comerciales entre los países del Imperio Británico. Para ello, mostraban las banderas enlazadas de dos países y dos manos masculinas estrechándose sobre el océano.

 

Sin embargo, ante la amenaza de la pérdida de lazos con su comunidad de la población emigrante, el carácter comercial de las Hands Across the Sea se fue tornando personal y las postales vivieron su época dorada.

 

Inicialmente fueron los británicos y americanos desplazados a las colonias quienes enviaron postales que, bajo las manos enlazadas, enseñaban al receptor de la misiva una imagen que representaba al país de acogida: canguros cuando se trataba de Australia, castores y arces desde Canadá, Maorís frotándose la nariz desde Nueva Zelanda...

 

 

En Gran Bretaña no se rindieron ante los encantos del exotismo y usaron un arma más poderosa en sus diseños: apelaron a la nostalgia de la patria mostrando verdes campos con cabañas y escenas domésticas, cuadros escoceses, faros solitarios y versos haciendo referencia al viajero.

Por aquel entonces, las postales se solían vender en la barbería a bordo del barco a modo de souvenir y no estaban ligadas a conmemoraciones como cumpleaños o felicitaciones navideñas. Su tema principal era la emigración representada a través de los medios de transporte (sobre todo el barco) que heroicamente atravesaban tormentas y mapas.

 

La recepción de la misiva se convertía en una celebración del milagro de la comunicación en un mundo que cambiaba deprisa. La postal constituía un puente, como recordaban frases habituales en las Hands Across the Sea al estilo de “distance may divide, but friendship will abide” (la distancia puede separar, pero la amistad perdurará).

El océano, que distanciaba al emigrante pero también era el medio que permitía la llegada de las postales por barco, seguía siendo una constante en el diseño de las Hands Across the Sea pero otros elementos empezaron a experimentar notables variaciones paulatinamente: los colores pastel comenzaron a dominar la escena, una de las dos manos masculinas, empezó a sustituirse por una femenina, los motivos empezaron a ser más decorativos (aparecieron lazos y flores), a perder formalidad y ganar en sentimentalismo...

Con solo añadir un anillo de compromiso a la mano femenina, esta misiva amistosa pasó a tener una connotación amorosa y suponer ahí el precedente de las postales de San Valentín, no sería tan descabellado, ¿verdad?.

La I Guerra Mundial supuso el declive estas postales, en parte porque su imaginería fue adaptada a la situación de conflicto de la época —“To the Girl I’ve left Behind Me”, “To my Brother at the Front”— y en parte por la destrucción de las imprentas alemanas, que eran las mayores proveedoras a nivel mundial. Tras el fin de la guerra, se volvieron a enviar Hands Across the Sea pero nunca alcanzaron su auge anterior. En los años 20, el telégrafo y el teléfono empezaron a relevar a las postales como medio principal de comunicación en la distancia.

También te gustará:

Copyright © All Rights Reserved