Ojo de amante

La mirada secreta

Inglaterra, período Georgiano

 

Una historia de amor clandestina capaz de originar una exquisita pieza de joyería que enmarca el retrato del ojo de la persona amada, ya podría ser el punto de partida de una buena historia. Probemos a aliñarla con protagonistas ilustres...

 

En 1874, el Príncipe de Gales, con 21 años, se enamoró perdidamente de la por entonces dos veces viuda antes de cumplir los 35, Mrs. Maria Fitzherbert. El futuro Rey Jorge IV de Inglaterra le propuso matrimonio. María, consciente de que el Rey Jorge III no aceptaría que su hijo se casase con una católica y de que el matrimonio sería nulo debido a que los miembros de la familia real necesitaban el consentimiento del rey para casarse, lo rechazó. El príncipe amenazó con suicidarse, Maria aceptó casarse con la condición de que esperase un año. Durante ese tiempo, se instaló en el continente para propiciar el distanciamiento.

 

Retratos de Maria Fitzherbert y del Rey Jorge IV

 

El 3 de Noviembre de 1875, el príncipe le escribió una carta con una segunda proposición de matrimonio; en lugar de un anillo, enviaba un retrato de su ojo pintado por el miniaturista Richard Cosway y la nota: "Te mando un paquete... y envío al mismo tiempo un ojo, si no has olvidado el rostro por completo, creo que la imagen te impresionará".

 

El 15 de diciembre de 1875 la pareja se casaba en Londres en una ceremonia clandestina. Poco tiempo después, Mrs. Fitzherbert encargó a Cosway un retrato en pequeña escala de su ojo para regalárselo al príncipe.

 

La prueba de afecto que el príncipe escondía bajo su solapa, inspiró a la aristocracia inglesa de finales del siglo XVIII y principios del XIX (y más raramente a la rusa, la francesa y la americana) para intercambiar esta discreta acuarela sobre marfil que, mostrando un único ojo, preservaba la identidad y el decoro del amante. La mayoría fueron pequeños broches. En ocasiones, contenían un mechón de cabello o un retrato en su interior.

 

 

 

Con el tiempo, el ojo de amante se intercambió también entre hermanas, madres e hijas y amigas -lo que explica que en su mayoría representan ojos femeninos-.

Llegó a ser una pieza de luto en memoria de un ser querido cuando el ojo se representaba junto a nubes.

 

 

 

El Príncipe y Mrs. Fitzherbert mantuvieron su relación hasta 1811 pese a la boda oficial de éste en 1795 con su prima, Carolina de Brünswick. Tan pronto como Jorge IV tuvo su primer descendiente, volvió con Maria. Mrs. Fitzherbert se había retirado a un convento y escribió al Papa explicando su situación. Éste le dijo que su matrimonio con el Rey era válido ante Dios.

 

Jorge IV tuvo múltiples amantes y su relación con Maria fue tumultuosa pero, en 1830, pidió ser enterrado con el ojo de amante de Mrs. Fitzherbert. Después de su muerte, se descubrió que el monarca había conservado todas las cartas que Maria le había escrito. Se ordenó destruírlas.

 

Dado el tiempo limitado en que estas miniaturas estuvieron en vigor, se calcula que solo hay unos mil codiciados ojos de amante auténticos en el mundo y muchas falsificaciones intentando hacerse un hueco.

 

Anillo perteneciente a la colección de Nan y David Skier. Cuando el prestigioso oftalmólogo vio un ojo de amante por primera vez, quedó fascinado por una imagen "tan potente y a la vez pequeña y elegante"

 

 

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