Fátima Ronquillo

Fátima Ronquillo

EE.UU. Actualidad

 

Fátima Ronquillo se mudó de Filipinas a Texas cuando tenía diez años y desde entonces se recuerda metida en la biblioteca copiando las reproducciones de los grandes maestros clásicos de los libros de arte.

 

En esta entrevista le preguntamos por las indumentarias clásicas, los ojos de amante, la aparienciencia misteriosa de sus protagonistas y la simbología que se han convertido en señas de identidad de sus obras.

 

Fátima, eres una pintora autodidacta, ¿hubo un momento decisivo en el que decidiste que esto se convirtiese en tu profesión?

- En realidad, no. He creado y expuesto desde que era muy joven así que fue una transición natural, aunque pasaron muchos años hasta que pude vivir de ello.

 

Tengo la sensación de que gran parte del encanto de los protagonistas de tus retratos reside en el halo de misterio que los envuelve y que nos hace querer saber más sobre ellos. Consigues que posean una mezcla de inocencia y de tener algo que ocultar, ¿es lo que buscas?

- Sí, dan la sensación de ser reticentes a mostrar su interior. Hay una persona pública y una privada, oculta. Ése es el tesoro por descubrir.

 

 

 

¿Qué pretendes comunicar con tu arte?

- Amor y belleza, acompañados de la inocencia, la alegría, la incomodidad y la soledad.

 

Muchos de los elementos que aparecen en tu obra (flechas, arlequines, máscaras, animales), ¿poseen un simbolismo?

- Oh... son meros accesorios. Su simbolismo es bastante obvio: las flechas hacen referencia al amor, las máscaras al hecho de ocultarse a sí mismos, los animales insinúan sus alter egos o la parte salvaje que hay en nosotros.

 

 

 

Entre todos esos accesorios, las joyas y en especial los ojos de amante, son muy frecuentes. ¿Puedes recordar el primero que viste y el primero que pintaste?

- El primero que vi lo descubrí en un blog y me quedé impactada. Me atrajo la idea de un ojo aislado y el desmembramiento físico como símbolo de la separación del ser amado. Para alguien enamorado, una foto de la persona que ama es un tesoro. Después, en 2010 pinté una figura en un traje militar verde que sostenía un ojo de amante.

 

Se ha convertido en un objeto recurrente en tu obra, ¿qué te fascina de esta joya?,¿qué le aporta a la pieza?

- Es un símbolo del amor, de la ausencia, los secretos y la nostalgia. Es maravillosamente surrealista y a la vez dota de un contexto a un ojo flotante: un retrato dentro de un retrato.

 

 

 

Me pregunto si alguien que ve las ropas y la atmósfera que rodea a tus personajes sin tener ninguna pista de su autor, pensaría que se trata de una obra actual, ¿qué buscas en la estética de tiempos pasados?

- Adoro los trajes, la seriedad de los retratos, los adornos alegóricos... Soy una amante de la historia del arte y aprendí a dibujar copiando a Tiziano, Bellini, Watteau o Poussin, así que recorrer diferentes épocas es infinitamente fascinante para mí.

 

A Fátima le atrae la capacidad del amor para provocar placer y dolor y le intrigan las cicatrices que las personas que hemos amado van dejando en nosotros. Como si se tratase de alguno de sus enigmáticos personajes, cuando le pregunto si su interés por este tipo de historias esconde a una persona apasionada, me responde: “Quizás...”

 

 

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