Tasha Tudor

EE.UU., 1915- 2008

Tasha Tudor, la ilustradora que eligió vivir en el pasado

 

Érase una vez una ilustradora infantil que vivió una vida de cuento. Tasha Tudor consiguió parar el tiempo encarnando “a la esposa de un capitán de 1800-1842” según la expresión con la que a ella le gustaba definirse.

Tasha desarrolló un estilo de vida autosuficiente propio del s. XIX -sembraba, hilaba, tejía, recogía huevos, ordeñaba cabras...-, puso tanta dedicación cultivando el jardín que coloreaba su día a día como en sus minuciosas acuarelas; vistió vestidos largos con delantales, jerseys tejidos por ella, pañuelos en el pelo…y evitó los zapatos siempre que pudo.

 

 

 

A la izquierda, Tasha Tudor, a la derecha su ilustración: Laura in the snow

Vayamos al principio de una vida que ya prometía originalidad desde sus inicios: hija de una pintora y de un diseñador aeronáutico, Starling, pronto sustituyó su nombre oficial por el derivado del personaje literario que más admiraba su padre: Natasha, de Guerra y Paz. A los 9 años, también su apellido paterno -Burgess- fue sustituido por el materno -Tudor- cuando sus padres se divorciaron.

Tanto su padre como su madre sirvieron durante la I Guerra Mundial, dejando a Tasha al cuidado de su nany. Fue ésta la que le inculcó el gusto por la cocina y las tareas del hogar.

Una vez divorciada, su madre decidió retomar su carrera en Nueva York y, pensando que Greenwich Village, en plena efervescencia de la Era del Jazz, no era el lugar adecuado para una niña, la envió a Redding con una bohemia pareja de amigos. Con ellos descubrió el gusto por los libros y el teatro.

Cuentan que Tasha ya apuntaba maneras desde muy joven y adoraba la jardinería y los objetos de sus ancestros que encontraba en casa de su abuela materna.

En 1930, volvió a vivir con su madre cuando ésta se mudó a una granja en Redding. Su madre continuó pintando retratos. Además, poseía una tienda de antigüedades y regentaba una tetería en el sótano de su casa. Tasha ayudaba con las antigüedades y la granja.

En 1938, contrajo matrimonio con el que fue el padre de sus 4 hijos, Thomas McCready. Tasha les inculcó, no solo su amor por la naturaleza, sino también la celebración del paso de las estaciones y de las fechas señaladas. La Navidad y San Valentín eran su favoritas.

Imágenes tomadas por la fotógrafa Nell Dorr durante la II Guerra Mundial. Las publicó en su libro Mother and Child (1954).

 

 

Ese mismo año (1938), Tasha publicó su primer libro, Pumpkin Moonshine y pronto comenzó a ilustrar tarjetas de felicitación.

Sus detallados dibujos a menudo reflejaban escenas idílicas y las tradiciones y artesanías del s XIX y solían acompañar textos sencillos. A Tasha les gustaba enmarcar sus ilustraciones con cenefas en las que se enredaban animales, flores y objetos con encanto.

El éxito de su libro Mother Goose (1944) le permitió hacer realidad su sueño de comprar su propia granja. Restaurar esa vieja construcción de 17 habitaciones necesitaba muchos recursos. Tasha destinó un espacio a la Ginger and Pickles Store y compaginó la tienda con la publicación de 2 libros por año y numerosas tarjetas postales.

Ilustró casi cien libros hasta que en 2003 publicó Corgiville Christmas.

...Aún le quedaba tiempo para cultivar aficiones como confeccionar muñecas, tejer o hacer cestas.

 

 

 

Su primer matrimonio acabó en 1961 y, una vez fracasado un segundo breve intento marital en 1966; con sus hijos independizados y tras el gran éxito que cosechó con Corgiville Fair (1971); se trasladó a Vermont en la granja que su hijo Seth construyó para ella.

 

Al hacer la mudanza, no se olvidó de traer consigo sus ganas de continuar perfeccionando su técnica con los pinceles y la jardinería; siempre andaba tejiendo una nueva prenda para algún miembro de la familia o alguna muñeca y, a menudo, organizaba bailes y teatros de marionetas para la familia y amigos.

 

 

 

 

El trabajo de Tasha fue muy premiado pero, no fue el único en despertar el interés; su estilo de vida fue documentado en diversas ocasiones. La primera, producida por Nell Dorr en 1957, The Golden Key: Enter the Fantasy World of Tasha Tudor.

 

Durante las dos últimas décadas de su vida, recibió y conversó con numerosos admiradores. Tasha sigue siendo fuente de inspiración.

Sus hijos han publicado dos libros sobre ella: Drawn from New England y The Private World of Tasha Tudor.

Su última vivienda -conocida como Corgi Cottage en honor a los perros que siempre la acompañaban- sigue recibiendo un número limitado de visitantes anuales -a 165 dólares la entrada-.

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