Tapices del Holocausto

Esther Nisenthal Krinitz. Bordando contra el olvido

1927–2001

 

Esther Nisenthal Krinitz sobrevivió al Holocausto. Las imágenes de esos años en Polonia también sobrevivieron en su cabeza. Una de sus hijas cuenta que su madre quería que ella escribiese sus recuerdos. La hija leía las Memorias de Anna Frank pero era incapaz de meterse en la piel de su madre y transmitir unas vivencias ajenas.

Esther no se dio por vencida en su afán de que no se olvidara lo que vivió de niña y que, tras su muerte, desaparecieran con ella todas aquellas personas que no habían dejado fotos detrás.

Esther podía bordar cualquier cosa pero no dibujaba. Decidió intentarlo y guiada por su propósito, a los 50 años, con más voluntad que confianza en el resultado, compró una tela barata y comenzó a trazar las líneas de la casa de su familia en Polonia. Cerraba los ojos y aún podía ver las paredes de madera, el tejado de paja... Acabó de bordar la casa y animada esbozó a su familia al completo, las granjas, las escenas grabadas en la mirada de una niña... así hasta completar 36 detallados tapices narrando su experiencia desde cómo vivían antes de la guerra hasta su llegada a América.

 

1939. Corrí con mis amigas a ver la llegada de los nazis al pueblo. Uno le cortó la barba a mi abuelo.

Mi abuela gritaba.

1941. Llevé las vacas a pastar con mi hermana y descubrimos un campo de prisioneros donde los judíos eran golpeados hasta que no podían seguir trabajando. Entonces les disparaban

1942. La Gestapo nos ordenó abandonar nuestras casas. De repente, la cuñada de Mottel le gritó a mi madre: '¡Rachel, nunca volveremos! ¡Todos vamos a morir!'. Todos lloraron. Mi hermana y yo nos refugiamos en casa de un amigo de mi padre, Stephan. Fue la última vez que vimos a nuestra familia."

1942. Stephan nos ocultó 2 días en su ático. Después nos dijo que temía por su familia y teníamos que irnos. Tras días en el bosque, lloviendo y con todos los vecinos cerrándonos las puertas y advirtiéndonos del peligro, cambiamos nuestros nombres y empezamos a decir que éramos polacas católicas

1943. Una pareja de ancianos me contrató para hacer las tareas del hogar. Mientras trabajaba en el huerto, vinieron 2 soldados nazis. Las abejas me rescataron: revolotearon a su alrededor y se fueron corriendo

 

1944. Corrimos a recibir y dar agua a la infantería rusa. Estaban sedientos pero el sargento les ordenó seguir la marcha. La guerra había acabado. Mania y yo éramos libres.

1944. Volví al pueblo buscando a mi familia. No encontré a nadie. Vi las cámaras de gas y los crematorios.

1945. Fuimos a Berlín junto al ejército polaco y el ruso. En el camino, los rusos habían colgado a nazis en casi todos los árboles.

 

En Berlín, Esther y Mania estuvieron en un campo para desplazados. Esther conoció allí a su marido

y en 1949 se mudaron a Nueva York. Tuvieron dos hijas. Mania se casó y vivió primero en Israel y más tarde, en Texas.

El sueño de Esther se ha cumplido y quienes hemos tenido la suerte de toparnos con su obra, recordaremos sus recuerdos...

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