Mastretta

Nacho Mastretta. " El micromecenazgo no es la mejor manera

pero nos permite seguir haciendo música"

España. Actualidad

 

Nacho Mastretta dice que es fácil reconocer su casa por la cantidad de músicos que continuamente entran y salen de ella, por la cantidad de discos que hay y porque al entrar siempre hay instrumentos tirados por todas partes... Música, música y más música.

 

De pequeño le regalaron una armónica y su afición le llevó a estudiar en el conservatorio. No le importó que solo hubiese chicas -"en la España de los 70 la música estaba considerada educación para señoritas”, me cuenta Nacho- y resistió los reglazos de la profesora para corregir su tendencia a alzar las muñecas cuando tocaba el piano y las esculturas de Bethoven y Franco sobre el piano...

 

Nacho, en la adolescencia pasaste por grupos de rock ¿qué te hizo dejarlo atrás y volver a la música instrumental, que es una trayectoria más atípica?

- No creo que haya ido cogiendo y dejando cosas sino que es un proceso en busca de tu manera de expresarte. Donde ves un entorno de menos libertad, buscas uno en el que tú puedas poner los límites donde quieras; por eso hay esos bandazos. Nunca he entendido la música popular enfrentada a la tradición clásica, creo que hay un diálogo entre ellas igual que entre la vanguardia y la tradición. Creo que, en general, en la música vas buscando tus propios intereses y reaccionando donde el corsé está muy estrecho.

El rock era la rebeldía que corresponde a la adolescencia, aunque eso no mermó mi interés por Mozart y por otros autores clásicos que admiro una barbaridad. Con el tiempo reflexionas que no es tanto la música que se hace sino cómo se hace. Siempre seguí atento a la música instrumental: en los años 80 hice proyectos de vídeo creación con música instrumental, en el grupo también teníamos un repertorio instrumental...

Yo creo que la práctica instrumental está asociada a buscar cosas que no puedes hacer con la vocal porque la voz conecta atávicamente con el espectador pero hay muchas cosas que, por las limitaciones del instrumento, no te permite hacer. Ahí creo que reside el interés que todos los músicos tenemos por la música instrumental y creo que el público que es melómano también busca ahí hallazgos e innovaciones que no encuentra en la vocal. Pero para eso hay que ser valiente y arriesgar como público y como compositor.

 

Tú has conseguido conectar con un público que habitualmente no escucha música clásica haciendo música instrumental

- Ojalá, porque yo creo que el público está muy maltratado en la actualidad por todas estas cuestiones relacionadas con el marketing y cómo hay que dirigir a los espectadores sobre qué comprar y a qué festivales tienen que ir... Todas las marcas están interesadas en eso pero para mí el público es inteligente, sobre todo el que es aficionado y busca..

 

Has compuesto los temas de ¡Vivan los músicos! y el Reino de Veriveri pensando en cada músico. ¿Cómo te planteas cada nuevo proyecto?¿partes de un tema, de una época o estilo musical...?

- Me gusta pensar en el músico como intérprete, que se adueñe de las partituras, como hacía el compositor en el pasado, pienso en Brahms y en Joachim, por ejemplo.

Lo que hacemos es combinar instrumentos que tienen emisiones muy diferentes y crear una dinámica conjunta entre todos -un experimento que nunca se ha hecho, realmente-. Es un trabajo de muchos años, de desafiar las normas de cómo se sonorizan los conciertos e intentar tocar con micros ambientales o, cuando es posible, intentar tocar en los teatros a viva voz.

Trabajar muchísimo la dinámica es uno de nuestros retos, de las cosas que parecen difíciles en la orquesta. Llevamos ya dos discos y cada vez creo que nos acercamos. Ahora hemos tocado en el Café Central y tuvimos amplificación exclusivamente en la cuerda.

 

Una semana en el Café Central presentando Reino de Veriveri, ¿adaptáis el repertorio al local en el que tocáis?

- No, lo que sí variamos son las canciones porque tenemos muchas y por la necesidad de tener repertorio nuevo, que aumente el interés de los músicos. Cuando un músico domina una pieza deja de proponerle un reto, aunque sea aprender una nueva melodía, pero generalmente en las piezas nuevas hay cuestiones interesantes para ellos, o al menos lo intento. En cada concierto hay canciones a las que le estamos buscando las vueltas y la forma definitiva.

Por otra parte, en todas las canciones hay un componente de improvisación fijo, no porque todos los músicos improvisen, sino que, tanto en la parte de acompañamiento como en la solista, algunos van tocando obligados y otros van libremente. Algunas partes parece que son partitura y son improvisadas y viceversa.

 

¿Se consigue eso ensayando mucho o no lo necesitáis porque ya os conocéis muy bien?

- No ensayamos mucho. A mí me gustaría que ensayásemos más pero tocamos muchísimo y aprovechamos una horita en las pruebas de sonido para repasar los temas que más dificultades nos llevan. Nos encanta ensayar por lo escasos que son los ensayos.

 

¿Diferencias claramente la época de gira de la época en que compones?

- No, en general no tengo esa suerte. Ojalá estuviéramos más organizadillos pero vas componiendo a medida que va surgiendo. Primero los encargos de obra, que es lo que más me sube la moral: que alguien piense que la música que haces puede ser interesante para una película, para una obra de teatro o un espectáculo, como el de magia que hicimos el año pasado. Y, por otra parte, cuando necesitas repertorio para el directo de la orquesta, que es lo que más hago realmente. Cada año hacemos unas 20 melodías.

 

Cuando compones música de cine, ¿lo haces una vez que la película está montada?

- Sí, a menos que sea para una escena concreta en la que, por ejemplo, hay que bailar y necesitan rodar con la música. Pero lo bonito del cine es inspirarse en todo el acabado porque la película no es solo la historia y los personajes, influyen también la luz, las escenas, los movimientos de cámara, los colores... Todas son claves con las que contar para la musicalización.

"La colaboración con el ilustrador Riki Blanco surgió en la gira con Impromadrid. En una función en Barcelona Suso 33, que hace la escenografía en directo, no pudo venir, vino Riki y me pareció que podía ser muy adecuado"

 

Has recurrido al micromecenazgo para financiar el Reino de Veriveri ¿lo habías hecho antes?

- Dentro del grupo de la orquesta convivimos varias bandas y lo habíamos hecho con Racalmuto pero yo tengo mis dudas, no he reflexionado suficientemente al respecto. Venimos de un mundo de la cultura muy viciado que está en decadencia, se han matado moscas a cañonazos, se han construido teatros para los que no hay programación, se ha dilapidado el presupuesto y se ha puesto un iva descomunal. Un gobierno que tome estas medidas y una industria que funciona con royalties de miseria para los músicos, muestran una clara intención de mantener a la gente en la ignorancia. El tema es muy largo pero se nos ha silenciado porque somos molestos.

El micromecenazgo no es la mejor manera pero nos permite seguir haciendo música. Es nuestra obligación hacer lo posible. Si no hay otra, nos queda el “por favor, amigos de la orquesta, financiadnos el disco”, es muy bonito y romántico pero no es la situación ideal. No se puede entender que toda la cultura sea subvencionada pero tampoco que para hacer las cosas tengas que dedicarte a lo que no es tu función: yo ahora pierdo muchísimo tiempo haciendo la gestión de la orquesta: reservando hoteles, transportes, hablando con la gente que nos quiere llevar a tocar, quedando con los músicos... Eso para mí es imprescindible en estos momentos, lo hago como puedo -mal porque no es mi trabajo y no lo hago con gusto...- No creo que esta autogestión tan radical en la que no tienes ninguna ayuda y todo cuesta muchísimo sea la mejor manera.

Por una parte estoy feliz de poder seguir dedicándome a la música en un momento en que todo pinta para atrás pero no lo celebro. Creo que, por el resultado que tienen nuestros conciertos, el entusiasmo que generamos en la gente, la cantidad de años que llevamos haciéndolo y la utilidad pública de la música -aunque parezca una paradoja-, no debería de ser tan difícil.

 

En fin, confío en que hayamos alcanzado el límite, que no se pueda llegar más abajo en el plano de la cultura, y esto nos haga reflexionar y unir fuerzas. Hay mucho desencuentro en las artes propiciado por el ensimismamiento en todas las órdenes que hay ahora: los artistas no se relacionan con los científicos ni con artistas de otras disciplinas. Las épocas de desconexión son muy negativas para la creatividad. Espero que empiece el diálogo entre las artes y las ciencias, hagamos causa común y se cambie el panorama. Espero.

 

Pero ¿la crisis no se debe a que la gente no compra discos?

- Ésa es la excusa más fácil: como el disco es caro y lo puedes conseguir por internet sin pagar los derechos... El problema es que cambia el ladrón: antes era la Warner y ahora Telefónica. El mismo lobo con distinta piel. Es un problema de la industria el que no se hayan vendido los discos. Los artistas nunca hemos ganado royalties con su venta. Nos ayudaban a difundir nuestra música pero se ganaba una ridiculez, creo que un 1%. Eso no ha cambiado, pero las propias empresas están interesadas en desinformar y que parezca que el problema es la venta de discos. El problema no es la piratería, es de más amplio calado, como la incapacidad de la sociedad de gestión de derechos para hacer entender al público que el derecho de autor es una conquista maravillosa, como lo es una sociedad que proteje a sus creadores y su capacidad de crítica... Es un tema largo...

 

La profesión de músico, conlleva una parte de convivencia mucho mayor que la mayoría de trabajos: ¿qué valoras más al elegir a los componentes de tu orquesta aparte de su talento: el grado de compromiso, la empatía, la coincidencia de estilos musicales...?

- Lo que dices es completamente cierto: la parte humana es básica en la música, tener una buena relación con las personas con las que estás compartiendo giras, viajes y escenarios, que son las cosas más importantes para todos los músicos que conozco.

La música es un fenómeno que es un ejemplo de convivencia en un plano abstracto pero al bajar a pie de calle queda demostrado que si eres capaz de plantear una buena convivencia entre diez músicos eso puedes llevarlo al plano social, creo yo. Son las mismas claves pero en la música es más fácil porque tienes un objetivo común muy claro: sonar bien. No es que yo haya hecho un casting sino que se han incorporado músicos que me he encontrado en la vida con los que congenias y entiendes que podríais trabajar juntos con fluidez. La parte humana es fundamental para mí pero la del estilo, no me interesa nada, creo que se le da una importancia desmesurada pero que eso es más cosas de periodistas y empresas para vender música. Los estilos musicales son para usarlos y disfrutarlos y todos serán bienvenidos. No me importa que lo que haga tenga un sonido folclórico, clásico o vanguardista... Me gusta la disonancia y la consonancia, el contrapunto y la armonía. Me gusta todo. Me interesa más el cómo y cuáles son los intereses artísticos.

 

¿Te sientes más cómodo tocando con una orquesta de 10 que en un dúo?

- Es completamente diferente. Ten en cuenta que, según entiendo yo la música, el nivel de dificultad es por la escucha de los demás: el poder tocar tu instrumento sin dejar de escuchar el resultado total. La cualidad de escucha del músico con respecto a su habilidad para tocar su instrumento. Lo más importante es escuchar bien a los demás y es mucho más difícil cuando son muchos y son muchas las partes en que tienes que acompañar. Si tienes que acompañar a la cuerda, tienes que tocar el clarinete lo más piano posible para que cuando toques se entienda bien la línea de la cuerda y todo eso requiere estar muy consciente de lo que está sonando en todos los músicos. Nuestro interés en estos momentos va por ahí: en conseguir un buen nivel de escucha. Cuando son menos los músicos es más fácil, creo yo.

 

 

Nacho Matretta en su colaboración con Impromadrid

 

Unas preguntas rápidas para acabar:

¿Qué es lo mejor y lo peor de la vida de músico?

- Lo mejor es que estás disfrutando de la vida en general gracias a la música y ésta te ofrece constantes sorpresas y emociones. Muchas veces comentamos la cantidad de momentos felices gracias a la música...

Lo peor es que cuesta mucho ganarse la vida y pagar el alquiler.

 

El proyecto en que te has embarcado que ha supuesto un mayor reto para ti

- Está siendo el de la orquesta porque ha habido que pelear mucho pero llevamos tanto tiempo porque lo pasamos muy bien juntos.

 

El proyecto ajeno con el que más identificado te has sentido

- El de Impromadrid, que es un grupo de teatro. Estoy encantado de trabajar con ellos. Son de otra generación, más jóvenes, pero nos llevamos muy bien.

 

El proyecto que te gustaría que te propusieran

- Nunca me lo he planteado

 

Un lugar para actuar y uno para desconectar

- El Café Central y el mar, soy de Santander y me da igual dónde con tal de que haya mar.

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