Makiko Sese

Makiko Sese. "En Japón, se respeta mucho lo que se dice.

Aquí, las palabras se las lleva el viento"

España. Actualidad

 

Makiko Sese es una japonesa que intenta compaginar los encantos de la vida oriental con los de la vida occidental. Hace 5 años que llegó a España y desde aquí sigue descubriendo secretos de su idioma cuando prepara las clases de japonés para sus alumnos. Además, impulsó el proyecto 1000 grullas a raíz del tsunami en su país y, desde hace algún tiempo, practica arte chamánico japonés...

 

Makiko cuenta que su abuela, la poeta japonesa tanka Chiyoko Ootsu, nació a finales de la era Taisho y que tanto en el epílogo del libro que publicó como en algunos de sus poemas, refleja sus paseos por Ginza, cómo iba al teatro (Takarazuka) y al cine a ver películas occidentales y japonesas (One Hundred Men and a Girl, Morocco, etc.) como una moga... pero Makiko no quiere caer en la idealización de una época llena de conflictos: “no hay que olvidar las guerras que les rodeaban y el control del gobierno en esa época".

 

"Esta entrevista me ha hecho leer sus poemas con calma y descubrir que era una auténtica chica moderna. Creo que si no fuera su nieta, no estaría aquí..." - me dice Makiko antes de iniciar la entrevista.

Imagen: Yang Fudong

 

Y es que Makiko quería salir de Japón y “conocer otro mundo. Por eso enfoqué mi camino académico en los idiomas. Creía que iría a un país anglosajón pero elegí español como segundo idioma extranjero y los encuentros con mis amigos hispanohablantes me ayudaron a decidir el gran salto de mi vida. Curiosamente, no me interesaba mucho la cultura española que se conoce en general como el flamenco, la paella, los toros..."

 

Lo que le hizo dar el paso definitivo para acabar en España fueron... ¡las judías verdes con jamón!. “En el primer viaje que hice a España hace más de 10 años, las probé y me enamoré. Hasta entonces había viajado a E.E.U.U., Canadá, Inglaterra e Italia, pero lo que me atrajo fue un plato de judías verdes con jamón que probé en Zaragoza. La memoria del paladar no te engaña. Al final, un sueño que tenía de vivir cerca de mar y rodeada de zumo de naranja me llevó a Valencia como primer destino.”

Imagen: Yang Fudong

 

¿Cómo fue tu llegada?¿te adaptaste bien?

- Fue estupenda. Todos los días me tomaba un zumo de naranja y me iba a la playa. Lo que pasa es que nunca me había puesto bikini y sentí mucha vergüenza cuando me lo puse por primera vez.

 

¿Qué parte de nuestra cultura te pareció más diferente a la japonesa?

- Lo que más diferente me parece es el trato de las palabras. En Japón, se respeta el alma de lo que se dice. En cambio, aquí "las palabras se las lleva el viento". Cuando necesito organizar algo con más gente, las cosas no van como pensaba.

- Otra diferencia es que aquí la improvisación es divertida. Esto me gusta mucho: aunque haya un imprevisto, “¡¡¡NO PASA NADA!!!”. En Japón, todo tiene que estar bajo control y las ideas muy bien pensadas. Organizar algo con otras personas puede ser complicado .

 

Imagen: Yang Fudong

 

Desde tu punto de vista, ¿qué crees que puede aportar oriente a occidente?

- Creo que la cultura japonesa podría enseñar a la española a disfrutar en equipo con respeto a los demás, en el sentido de crear una comunidad, como un círculo.

También la relación con tu cuerpo como parte de la naturaleza y el universo. Por ejemplo, nosotros no nos tocamos pero tenemos la costumbre de bañarnos todos juntos desde niños y sabemos qué cuerpo tiene cada uno. Esto nos ayuda a estar abiertos. Es muy popular entre los japoneses ir de viaje juntos e ir a un baño público o termas naturales. Los mixtos son más antiguos pero aún puedes encontrarlos en los pueblos.

 

Pero luego sois muy pudorosas para usar un bikini...

- Sí, yo creo que la situación es distinta. El baño público es un sitio para desnudarse mental y físicamente... La playa es para tomar el sol y nadar y no es adecuada para estar desnudo, para nosotros. Además cubres unas partes y otras no, hay unas partes que no deben verse...

 

¿Y qué crees que puede aportar occidente a oriente?

- La cultura española podría enseñar a la japonesa a improvisar y disfrutar el momento. Carpe diem. Gozar el tiempo libre con familia, amigos, etc. En Japón se trabaja 12 horas y Tokio es gigante, para juntarte necesitas elegir un sitio a una hora de viaje y los fines de semana son para recargar.

Tengo amigos de mi generación, yo tengo 34 años, que, después del tsunami y el terremoto del 11 de marzo se han dado cuenta de que hemos conseguido vivir cómodamente pero solo nos hemos preocupado por lo material. Ellos han empezado a cambiar, irse a un entorno agrícola y crear una comunidad. Sigue siendo una minoría pero poco a poco...

 

¿Se pueden saber muchas cosas de una cultura a través de su idioma?

- Sin duda. Hablas un idioma sin darte cuenta de que detrás hay un significado más profundo, un conocimiento antiguo que se transmite de generación en generación. En japonés, por ejemplo, no hay singular y plural, como en español. Para nosotros tú eres yo y yo soy tú. Tenemos una mentalidad más colectiva. Nosotros, ya desde el lenguaje, todos somos uno. Si digo “él o ella”, es por influencia del inglés pero yo nunca he utilizado "tú". Nos dirigimos por el nombre. Para nosotros el nombre es muy importante. Si yo me equivocara y te llamase por otro nombre, me sentiría muy mal.

 

 

El fotógrafo Osamu Yokonami ha tratado en su serie Asembly el tema de la pérdida de la individualidad en el conjunto

 

¿Te dedicaste a enseñar japonés desde que llegaste?

- No, primero fue necesario mejorar mucho mi español ya que reconocí que el método de enseñanza directa (solo en japonés) no funciona aquí. Saber inglés me ayudó mucho.

 

Desde tu experiencia para aprender español y como profesora, ¿cuál es el mejor método para aprender un idioma?

- Primero es mejor tener interés en la cultura y el país y empezar a tener amigos. Para aprender japonés se necesita aprender escritura y lectura pero el cerebro tiene una capacidad limitada para aprender la escritura de memoria y se necesita mucho tiempo.

Yo no comparto mi conocimiento por obligación, con sufrimiento. Cuando necesito dar caña a mis alumnos, lo hago de forma más creativa, por ejemplo, proponiéndoles hacer diarios con un tema que les interesa y saliéndonos de las frases típicas del libro de gramática. También hablamos mucho cuando surge un tema cultural.

 

¿Qué tipo de gente va a tus clases?

- ¡De todo! Sobre todo tengo alumnos que han estado en Japón, les impresionó la cultura y quieren volver. También hay algunos que no han ido aún... Desde universitarios hasta jubilados, de diversas nacionalidades y empleados de sectores tan variados como la construcción, audiovisual, transporte, informáticos, funcionarios, financieros, profesores, estudiantes, músicos, actores, etc.

 

En uno de los cursos que impartes, denominado “Supervivencia en Japón”, gran parte de los contenidos se refieren a normas de comportamiento en situaciones sociales. ¿Qué tendrían que haberte enseñado a ti en un curso de “Supervivencia en España” antes de venir por primera vez?

- No hagas caso cuando te dicen "te llamo", "nos vemos pronto" y dentro de "poco", ya que los japoneses tomamos la palabra muy seriamente.

 

 

Las 1000 grullas

 

Con el terremoto de 2011, iniciaste un proyecto: las 1000 grullas, en el que convocaste a la gente para enviar imágenes de sus grullas de papel. ¿Cómo se te ocurrió la iniciativa?

- De repente, perdí el contacto con mis seres queridos, no podía saber qué tal estaban... Fue una experiencia horrorosa que me afectó mucho. Lo único que podía hacer era rezar. En Japón, cuando tienes un deseo difícil de cumplir, se hacen mil grullas de papel teniendo una imagen positiva y agradable en el corazón. Como mil era mucho para mí, primero pedí ayuda a mis amigos y luego a todo el mundo. Se difundió muy rápido gracias al idioma español. Me sorprendió el poder de este idioma.

 

También practicas el arte chamánico japonés ¿en qué consiste?

- En vivir agradablemente sin gastar mucho dinero, recuperando la vida de los antepasados pero sin perder lo conseguido. Se trata de un conocimiento antiguo que se transmitía en los pueblos con menos recursos en los que necesitaban ayudarse entre sí, conocían las propiedades de la alimentación y las plantas (infusiones), imitaban los movimientos de los animales y dejaban que el cuerpo se moviese libremente. Por ejemplo, cuando se estiran los gatos, nadie les ha enseñado a hacerlo. No se trata de imitarlos, sino de recuperarlo porque también nosotros somos animales. Se trata de conectar más con tu cuerpo y escucharlo. El cuerpo siempre busca la dirección más agradable y cómoda, nadie quiere el dolor. En el arte chamánico no existen los términos "hay que ..." ni "tener que...".

 

¿Es el origami que aprendéis desde pequeños una forma de meditación?

- El origami o papiroflexia se aprende desde que tienes 4 añitos algo así -a mí lo único que me queda es grulla-. Las manos se mueven por memoria. También es parte del arte chamánico. Hacer algo con las manos, que es una habilidad que no tienen los animales, transmite cariño y se enseña desde la guardería. Por ejemplo, después del 11 de septiembre en Nueva York se puso de moda el ganchillo. Mover las manos te relaja.

 

También te gustará:

Copyright © All Rights Reserved