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Sylvia Beach, Adrienne Monnier y la vida literaria parisina de entreguerras

París. 1887-1962

 

Para cuando Sylvia Beach llegó a la Sorbonne a estudiar literatura francesa en 1917, esta americana hija de un pastor presbiteriano, ya había pasado varias etapas de su vida en Europa, e incluso había aprendido español e italiano gracias a su trabajo en la Cruz Roja. Pero fue en aquellos años en París cuando su camino se cruzó con el de la joven librera Adrienne Monnier en La Maison des Amis des Livres y este encuentro en la Rue de l´Odeon acabó condicionando, no solo la vida de ambas, sino también la intensa escena literaria de la capital francesa en el período de entreguerras.

 

Adrienne Monnier, con apenas veinte años, concibió el rumbo que muchas librerías surcan hoy y convirtió La Maison des Amis des Livres en un centro de actividad artística e intelectual que no se limitaba a exhibir los libros más vanguardistas de la época en sus estanterías. De sus paredes colgaban cuadros y fotografías de Wilde, Joyce o Mansfield y el espacio disponía de mesas y sillas en los que poder consultar y comentar las obras. “La librería se convertía en un pequeño salón donde la gente se apretujaba para oír leer a Joyce, Gide o Valery Larbaud; servían copas y cosas para picar”*.

 

Adrienne Monnier abrió La Maison des Amis des Livres en 1915

 

 

Cuando Adrienne descubrió la pasión compartida por la literatura de Sylvia Beach, no dudó en animarla a abrir su propia librería. De este impulso nació una de las más emblemáticas librerías del mundo: Shakespeare & Company, un espacio especializado en literatura anglosajona moderna, que sirvió de puente entre Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda y Francia y que se convirtió en la recomendación que no podía faltar entre los sitios a visitar por cualquier amante de las letras que acudiese a París en la primera mitad del siglo XX.

 

En la confluencia de estas dos librerías en la Rue de l´Odeon se dieron cita Hemingway y Scott Fitzgerald, Joyce y Ezra Pound, D.H. Lawrence y T.S. Eliot, Djuna Barnes y Gertrude Stein, Paul Valéry y André Gide; Nabokov, Picasso y André Maurois... Definitivamente, aquello era mucho más que una tienda de libros...

 

Sylvia alquilaba habitaciones a artistas en el apartamento encima de la Shakespeare & Company mientras ella vivía con Adrienne al otro lado de la calle.

 

 

 

Hemingway posando junto a Monnier y Beach frente a la Shakespeare & Co

Uno de los muros llenos de dedicatorias de los escritores que iban pasando por la librería

 

 

Además de su actividad como libreras, Adrienne Monnier se encargaba de publicar en la revista Naivre d Argent a escritores franceses habituales de La Maison des Amis des Livres y, de paso, presentar la obra de los jóvenes talentos angloparlantes a los lectores patrios. Ella misma, junto a su compañera de andanzas, se encargaba de las traducciones de los textos de Hemingway, T.S. Eliot, Walt Whitman, E. E. Cummings...

 

Sylvia, fascinada por la forma de hablar de Joyce, su esmero al escoger las palabras y su entonación, se embarcó con una fe ciega a editar el Ulises, arriesgando su dinero y su reputación para que una novela que había sido censurada en los Estados Unidos al ser calificada como demasiado pornográfica, viera la luz. Sylvia costeó los gastos del escritor mientras escribía, aguantó las continuas correcciones del escritor mientras el libro estaba ya en imprenta, cargó con los gastos de publicación y distribución del libro, editó ejemplares de lujo, empaquetó uno a uno cada uno de los libros que envió a los críticos... Sin embargo, Joyce no tardó en olvidar a quien más incondicionalmente apostó por él cuando Random House le ofreció un contrato.

 

Sin duda, la generosidad fue uno de los rasgos característicos de Sylvia: siempre contaba con una habitación a disposición del artista que lo necesitase y prestaba libros a quien no podía comprarlos. Hemingway decía de ella en A Moveable Feast: “Era buena, alegre, con intereses y adoraba bromear y cotillear. Nadie ha sido más amable conmigo.”

 

Sylvia Beach y Adrienne Monnier junto a James Joyce

 

 

Shakespeare & Company sobrevivió al retorno a su país de origen de muchos de los americanos que habitaban en París en los años 30 debido al cambio desfavorable de la moneda, pero no pudo sobrevivir a las represalias de un oficial nazi al que Sylvia se negó a vender un ejemplar de Finnegans Wake. En 1941, la librería fue desmantelada y Sylvia, recluida en un campo junto a otras mujeres inglesas y americanas hasta 1943.

 

La Maison des Amis des Livres continuó abierta durante diez años más hasta que problemas de salud impidieron a Adrienne seguir al frente de la librería. Tras distintos episodios alucinógenos, Adrienne se suicidó en 1955 tomando una sobredosis de pastillas.

 

Shakespeare & Company nunca volvió a abrirse tras la ocupación pero Sylvia permaneció en la parisina Rue de l´Odeon hasta su muerte en 1962.

 

En 1947 otro americano, George Whitman, en otro lugar de París, la rue de la Bucherie, decidió homenajear a la Shakespeare & Company adoptando el mismo nombre para su librería, y homenajear a Sylvia Beach, bautizando así a su hija, la actual propietaria de la tienda. Así que a 17 de diciembre de 2013 existe en París una librería denominada Shakespeare & Company y regentada por Sylvia Beach. Pero eso ya es otra historia...

 

 

 

*“Sylvia Beach y Adrienne Monnier: rue de l’Odéon”, Mujeres de la “Rive Gauche”. Shari Benstock. Lumen

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